En muchos proyectos, cuando algo no sale como se esperaba, la reacción natural es pensar que el problema fue técnico. Que faltó experiencia, que faltó atención al detalle o que simplemente el resultado no estuvo a la altura. Sin embargo, muchas veces el problema no está en el código. Está en la comunicación.
He visto equipos muy capaces generar retrabajo innecesario simplemente porque hubo pequeños vacíos de claridad al inicio. No mala intención. No falta de talento. Solo suposiciones distintas sobre lo que se quería lograr.
Un cambio simple es explicar el “por qué”, no solo el “qué”. Decir “agreguemos este campo al formulario” es muy distinto a decir “agreguemos este campo porque el equipo de ventas necesita esta información para cerrar contratos más rápido”. Cuando un developer entiende el impacto en el negocio, empieza a tomar decisiones distintas. Puede anticipar casos que nadie mencionó, detectar inconsistencias o incluso proponer una solución mejor. Sin contexto, ejecuta. Con contexto, piensa.
Otra cosa que ayuda es definir qué significa realmente “terminado”. Muchos problemas no surgen de mala ejecución, sino de expectativas diferentes. Para alguien, terminado significa que la feature funciona en su máquina. Para otro, implica validaciones, manejo de errores, pruebas básicas y comportamiento correcto en móvil. Si esa definición no se conversa antes de empezar, el retrabajo es muy probable. Definirlo con claridad previene esos malentendidos.
También ayuda confirmar que se haya entendido bien antes de que se escriba el código. Un hábito simple es pedir que el requerimiento se explique de vuelta, no como examen, sino como alineación. “Solo para asegurarnos de que estamos entendiendo lo mismo…” Esa conversación temprana suele revelar detalles que parecían obvios, pero no lo eran. Detectar un malentendido antes de construir es más barato que corregirlo después.
El feedback también cambia los resultados cuando se enfoca en mejorar y no en culpar. No es lo mismo decir “esto no era lo que pedí” que explicar qué necesidad del usuario no se está resolviendo todavía. Cuando el feedback es específico y está conectado al resultado esperado, el equipo sabe exactamente qué ajustar. Además, se mantiene la conversación en un nivel profesional, no personal.
Finalmente, crear espacio para preguntas es más importante de lo que parece. A veces el silencio no significa claridad, sino suposición. Frases como “¿qué podría salir mal aquí?” o “¿ves algún riesgo en esto?” invitan a pensar. Cuando los developers participan activamente en la definición y no solo en la ejecución, el nivel de ownership cambia.
Pequeños ajustes en la forma en que definimos, explicamos y damos seguimiento a los requerimientos pueden reducir retrabajo, mejorar la velocidad y elevar el nivel del resultado final.
A veces ni así se logra. Pero ese ya es tema para otro post.
